viernes, 24 de julio de 2009

miércoles, 10 de junio de 2009

jueves, 28 de mayo de 2009

Andrés Iniesta, el príncipe

Aún quedan sobre el césped de Roma estampas pictóricas de un príncipe de porcelana que jugó, tal vez, el partido de su vida. El premio se lo dieron a Xavi. Su amigo, su querido amigo. Pero lo que transmitió Andrés Iniesta en la final perdurará por los siglos de los siglos. Venía de estar dos semanas de baja, mimados los músculos por las sabias manos de Emili Ricart, con esos largos paseos por la montaña de La Mola, cerca de Terrassa. Más que pasear, Emili le hacía de psicólogo. Andrés, el príncipe, se miraba los músculos y sabía que no le traicionarían. El fútbol es suyo. Lo fue en Fuentealbilla (Albacete) cuando era un niño enclenque al que un bufido de aire parecía derribarlo. Mentira. Ingenuos ellos. También pensaron lo mismo esos gigantes del Manchester. Ingenuos ellos.

Después de unos minutos de tanteo, en los que los músculos se le calentaron, el príncipe se puso a repartir "caramelos", como lo definió Rijkaard en su día, por Roma, paseándose majestuosamente por el césped como si flotara. Como si volara. Llegaban los blancos y él se escurría. Hipnotizados por un jugador "único", como dijo de él Xavi en su conversación con este diario el pasado martes, cuyo embrujo cautivó a todos. Andrés agarró la pelota, se abrió el campo como si fuera el mar y deslizándose por las olas vio a Etoo para encender la luz del Barcelona. A partir de ahí, Iniesta se quedó con la pelota.

NO CHUTAR CON LA DERECHA

Siempre lo ha hecho así. En Fuentealbilla, en La Masia --¿recuerdas Andrés, el primer día en que debutas como infantil y te duermes?--, en el Camp Nou, en el estadio Olímpico de Roma, convertido ya en una estrella. Tomó el balón y nadie se lo pudo quitar. Absolutamente nadie. Andrés por aquí, Andrés por allá. ¿Cuántos Iniesta había en el campo? ¿Uno o 1.000? Toco y me voy. Vengo, sorprendo y asusto. Agarro la pelota y driblo a todo aquel que se me pusiera por delante, fuera Ferdinand, Vidic, Carrick o el fantasma de Matt Busby, la leyenda del Manchester. Marcaron Etoo y Messi, pero como le dijo Xavi a Iniesta: "Andrew, tu gol en Stamford Bridge nos tiene que dar una Champions".

Dicho y hecho. Los príncipes tienen un halo real que les hace maravillosos. Cuando Guardiola lo cambió (Pep solo le pidió que no chutara con la derecha), Roma le rindió una reverencia estelar que empezó en la grada, siguió en el banquillo y se simbolizó en el abrazo con Guardiola. Andrés Iniesta Luján, el fútbol.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idtipusrecurs_PK=7&idnoticia_PK=616512

miércoles, 6 de mayo de 2009